Cuentos de una cuentista

 

Los cuentos se me aparecen sin buscarlos.

Las ideas, los personajes y el comienzo de sus historias surgen en cualquier sitio, sin embargo nunca me siento a trabajar hasta que encuentro un final para la trama. Encontrarlo es como resolver un acertijo. Es entonces cuando me pongo en la feliz tarea de ir vistiendo el cuento; lo escribo, lo repaso, lo escribo de nuevo, lo dejo unos días abandonado, vuelvo a él y sin darme cuenta veo que a la vez que escribo las imágenes han ido apareciendo, las palabras escritas nos llevan a todos irremediablemente a poner rostro a los personajes, a ponerle color a sus ropas, a sus paisajes. La única diferencia entre otros lectores y los ilustradores, es que los segundos además de imaginar, tratamos de plasmar en el papel lo imaginado, lo que nos han transmitido las palabras del escritor, en mi caso de mis  palabras.

Nunca hago un storyboard, distribuyo el texto en las páginas en blanco que habrá de tener el libro y empiezo a dibujar por aquella ilustración que más me llame. De esa primera dependerán todas las demás, esta dará forma el estilo del álbum, a la tonalidad, la textura y las características que lo conformen.

Nunca me planteo si estoy escribiendo o dibujando para niños o adultos. Cada niño y cada adulto es único y decide delante de un libro si es o no es para él. Mis libros son para todos los

públicos en los que puedan despertar interés.